Hasta a mí me sorprende que hoy te dedique una entrada. Por varios motivos, el primero: que es la primera vez que te dedico algo, ni siquiera lo hice cuando estuvimos juntos y el segundo que hay un 98% de probabilidades de que nunca leas esto y un 5% dentro de ese 2% de que si algún día lo haces, sepas que te escribo precisamente a ti. Bien, quería serte sincera: te miento. Te miento cada vez que te digo que quiero motivarte, y te cuento cosas que te hacen reir y te enseño canciones que sé que te horrorizan porque en el fondo sé que te divierten y me imagino tu cara cuando se carga el Youtube y te aseguro que sonrío como si te tuviera en frente. Por eso te miento, en el fondo no busco motivarte, desde hace unos días, tú me motivas a mí. Te uso para motivarme. Me sirvo de arañarte la felicidad que te causo con todo eso. Te robo ternura y me la guardo. Conservo tus jotas y tus aes. Me tatuo tus emoticonos, sobretodo los que guiñan un ojo. Es ruin, y algún día lo descubrirás. Pero ésta será la prueba de que yo lo descubrí primero, mientras tanto seguiré intentando que sonrias por los dos.
Porque sí, adoro dejarme arrastrar por tus sonrisas.
Pasear por las comisuras de tus labios.
Contemplar tus dientes en hilera.
Y no debería ser así.
lunes, 26 de julio de 2010
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