A veces, te siento fuego porque es como te defines, te siento abrigo y peligro a la vez. Te siento hipnótico, te siento fuego y siento que podría estar mirándote toda la vida y jamás me cansaría de hacerlo. Te siento fuego por tus labios cálidos, por tus brazos protectores alrededor de mi espalda.
A veces, te siento ola, como las que miro ahora con la cabeza apoyada en tu hombro, te siento ola que se marcha mar a dentro para volver cada año en forma de espuma renovada. A la vez inevitable y sorprendente. Te siento ola, que desaparece entre las demás y luego resurje para mojarme los pies y la vida. Te siento ola, cargada de sal que resucita mis heridas y me despierta el sentimiento dormido.
A veces, te siento lejos, tan tan tan lejos, que me llego a convencer de que ya no existes y más allá, de que nunca has existido. Al menos no para mí. La lejanía de aquello que sólo puede rozarse a través de los recuerdos. Te siento lejos, una lejanía de kilómetros exactos. Una lejanía real.
A veces, te siento libertad, la tuya y la mía. Te siento inagotable, te siento energía libre, te siento desatado, desarraigado, independiente y fuego y ola y lejos y uno. Te siento uno. Incapaz de llevarme contigo, incapaz de quedarte conmigo más de una noche.
A veces te siento mentira.
viernes, 16 de julio de 2010
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