sábado, 31 de julio de 2010

Ceniza.

Donde hubo fuego, siempre quedará ceniza. Supongo que es la frase que resume la noche de ayer. Arañazos, cortes y un labio algo ensangrentado, el resultado. Las causas, no las deseadas, aleatorias y fortuitas. ¿Aleatorias y fortuitas?. El caso es que me hiciste recordar viejos tiempos, hace ya más de dos años, casi me atrevería a decir que tres, pero me da miedo, me hace sentirte más lejos de mi presente. Sigo notando algo en la forma en la que me miras, en la forma en la que me tocas o evitas tocarme, en la forma de vivirme. No sé si tu notarás algo en mí, ni siquiera sé si emito algo.
Los recuerdos de tardes de paseos sin sentido, las caricias furtivas de nuestros Septiembres, los adioses, las bienvenidas, mi manera de hacerte daño, tu manera de olvidar mi existencia, ayer me parecieron entrañables. Sí, lejanos y sin embargo la sensación de poder recuperarlo todo sólo durante una noche, se mantuvo latente el tiempo en el que respiraste a mi lado.

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