sábado, 31 de julio de 2010

Ceniza.

Donde hubo fuego, siempre quedará ceniza. Supongo que es la frase que resume la noche de ayer. Arañazos, cortes y un labio algo ensangrentado, el resultado. Las causas, no las deseadas, aleatorias y fortuitas. ¿Aleatorias y fortuitas?. El caso es que me hiciste recordar viejos tiempos, hace ya más de dos años, casi me atrevería a decir que tres, pero me da miedo, me hace sentirte más lejos de mi presente. Sigo notando algo en la forma en la que me miras, en la forma en la que me tocas o evitas tocarme, en la forma de vivirme. No sé si tu notarás algo en mí, ni siquiera sé si emito algo.
Los recuerdos de tardes de paseos sin sentido, las caricias furtivas de nuestros Septiembres, los adioses, las bienvenidas, mi manera de hacerte daño, tu manera de olvidar mi existencia, ayer me parecieron entrañables. Sí, lejanos y sin embargo la sensación de poder recuperarlo todo sólo durante una noche, se mantuvo latente el tiempo en el que respiraste a mi lado.

jueves, 29 de julio de 2010

A song for a lovers.

En honor a la verdad: necesito que volváis.
Los tres. Enteros y sanos.
Sois pilares en mi día a día.
No me vale con uno.
Os quiero a los tres de vuelta.



(Siya has llegado... vete y tráemelos también a ellos.)







http://www.youtube.com/watch?v=KNnh8nszFU0

lunes, 26 de julio de 2010

Problema.

Tengo un problema:
Tu aro en la nariz. Tus 7centímetros sobre mi cabeza. Mis pies de puntillas y nuestros labios a la altura perfecta. Tus 6 rastas descuidadas. Tus pantalones de rayas y tu camiseta negra. Tus palabras, aunque cuando te tengo cerca no me interese lo que digas, porque todos mis sentidos se rinden a la contemplación. Tus labios moviéndose de manera casi religiosa, el aire que sale de tu cuerpo, que choca contra el mio, que controla la marea retando a la luna. Tus manos conocidas, que me conocen, que encajan entre mis dedos. Complicidad. Tus ojos negros clavados en cada resquicio de mi piel que se derrite al paso de tu mirada.
Tengo un problema sin solución:
Demasiados kilómetros entre mis ganas y tú.

Motivación.

Hasta a mí me sorprende que hoy te dedique una entrada. Por varios motivos, el primero: que es la primera vez que te dedico algo, ni siquiera lo hice cuando estuvimos juntos y el segundo que hay un 98% de probabilidades de que nunca leas esto y un 5% dentro de ese 2% de que si algún día lo haces, sepas que te escribo precisamente a ti. Bien, quería serte sincera: te miento. Te miento cada vez que te digo que quiero motivarte, y te cuento cosas que te hacen reir y te enseño canciones que sé que te horrorizan porque en el fondo sé que te divierten y me imagino tu cara cuando se carga el Youtube y te aseguro que sonrío como si te tuviera en frente. Por eso te miento, en el fondo no busco motivarte, desde hace unos días, tú me motivas a mí. Te uso para motivarme. Me sirvo de arañarte la felicidad que te causo con todo eso. Te robo ternura y me la guardo. Conservo tus jotas y tus aes. Me tatuo tus emoticonos, sobretodo los que guiñan un ojo. Es ruin, y algún día lo descubrirás. Pero ésta será la prueba de que yo lo descubrí primero, mientras tanto seguiré intentando que sonrias por los dos.












Porque sí, adoro dejarme arrastrar por tus sonrisas.
Pasear por las comisuras de tus labios.
Contemplar tus dientes en hilera.
Y no debería ser así.

domingo, 18 de julio de 2010

Bb.

Que cuanto más me sujetas,
más miedo tengo de caer.

Nº9

Te confieso nuestro eterno silencio y tú me llevas hasta casa. Has decidido aprovecharte de él. Hace frio y tiemblo, me prestas tu chaqueta. Te empeñas en recordar viejos tiempos y entre risas y bromas me echas cosas en cara, yo te entiendo y eso te desconcierta. Te doy la razón, los dos contentos. Tú piensas que estoy arrepentida, yo sé que me da lo mismo. Aminoras el paso, son las cuatro de la mañana y estamos a un metro de la puerta de mi casa. Sonries y en tus ojos se adivina el brillo del ron. Te acercas a mi boca, sigues sonriendo de manera impecable, seguro de tus actos, seguro de un pasado con significado ambiguo. Y yo bajo la cabeza y te miro. ''Él''. Ignorante y sincero a partes iguales -como siempre- me dices que te alegras de que haya cambiado al menos en ese aspecto. Y yo te lo agradezco, ¿qué puedo hacer?. Y por dentro mi mente viaja a kilómetros de aquí y deseo que te cambies por él, deseo que sean sus labios los que me busquen, sus ojos los que reflejen el ron, su piel a centímetros de mis dedos, su fuego, su oleaje, su lejanía, su libertad, su mentira.
Descubriendo que la gente no cambia, pero los gustos sí.

viernes, 16 de julio de 2010

En todas partes

A veces, te siento fuego porque es como te defines, te siento abrigo y peligro a la vez. Te siento hipnótico, te siento fuego y siento que podría estar mirándote toda la vida y jamás me cansaría de hacerlo. Te siento fuego por tus labios cálidos, por tus brazos protectores alrededor de mi espalda.

A veces, te siento ola, como las que miro ahora con la cabeza apoyada en tu hombro, te siento ola que se marcha mar a dentro para volver cada año en forma de espuma renovada. A la vez inevitable y sorprendente. Te siento ola, que desaparece entre las demás y luego resurje para mojarme los pies y la vida. Te siento ola, cargada de sal que resucita mis heridas y me despierta el sentimiento dormido.

A veces, te siento lejos, tan tan tan lejos, que me llego a convencer de que ya no existes y más allá, de que nunca has existido. Al menos no para mí. La lejanía de aquello que sólo puede rozarse a través de los recuerdos. Te siento lejos, una lejanía de kilómetros exactos. Una lejanía real.


A veces, te siento libertad, la tuya y la mía. Te siento inagotable, te siento energía libre, te siento desatado, desarraigado, independiente y fuego y ola y lejos y uno. Te siento uno. Incapaz de llevarme contigo, incapaz de quedarte conmigo más de una noche.


A veces te siento mentira.

sábado, 3 de julio de 2010

Principio de incertidumbre.

Créanme cuando digo que he sido la dama y el vagabundo. He estado en la piel del lobo y he lucido la capa de la mismísima Caperucita, sí, fui una dama de poncho rojo en el bulevar de los sueños rotos. Yo bebí del caliz de la vida y me sentí una vieja adolescente. He sido una mala persona y lo he sido un poco menos. Me han colocado una aureola. Y merecidamente, me la han arrebatado.

He estado en lo más alto y os he visto pequeños, insignificantes, manejables y tremendamente vulnerables. Me he rebajado a la altura de lo ruin y lo feo. He vagado por sendas oscuras a las que jamás regresaré, otras las seguiré frecuentando a menudo. He odiado y he amado. En ''Resplandor en la hierba'' yo también me volví loca, he sido Natalie Wood.
Fui la Magdalena, la mas señora de todas las putas y la más puta de todas las señoras. Volé y fui gorrión, pequé y fui serpiente.
Cuento con mil persojanes a mis espaldas. Y sin embargo, con casi veinte primaveras sobre mis hombros, no he encontrado el papel que cambiará mi vida.