martes, 23 de marzo de 2010

Los Colores de una Sombra

Ésta es mi vida ahora, más inexacta, más alterada. Los puntos de vista me confunden y cambian aleatoriamente. Ya no estás aquí para marcar el camino, para hacerme pensar, para sostener mi corazón entre tus manos y reanimarle con tu calor.

Quizás se haya vuelto todo más gris y parezca que las hojas de los árboles caen mucho más lentas al otro lado de mi ventana. Quizás el resto del mundo sonría más ahora y parezca más feliz que entonces.

Al principio me negué a imaginarme sin tí pero al poco tiempo los pequeños detalles empezaron a perder la importancia y los recuerdos se difuminaron en la memoria: me di cuenta de que aquello era real. Tan real.

Sin embargo, lo más duro es tener la certeza de que no voy a abandonarte jamás. Bastará una llamada, un susurro, un ''ven'' e iré. Te curaré las heridas y te ataré de nuevo las ganas. Te ayudaré a sobrevivir donde quiera que estés. Te agarraré las manos y te besaré la frente. Conseguiré que sonrias, como siempre.

Y luego desapareceré, sin más.







Y ahora miento casi siempre,
todo el mundo lo hace,
engaño a otros y me engaño a mí.
¿Para qué diablos sirve la verdad?

Y mis naves ya se hunden
sólo al mencionarte,
naves que se hunden,
os saluda digno y roto el capitán.

¿Comprenderás si te hablo así?
¿Te ofenderás? Lo conseguí.
Ya no eres más que sombras.

Estás hablando para nadie,
basta, ¡cállate!
Estás perdiendo el juicio,
ya no hay nadie aquí.

Pero si me has escuchado,
vamos, ¡largate!
O quédate, mi sombra.
¿Y si a cambio te lo digo una vez más?

Ya ves, te estoy mintiendo,
ya ves, no lo he podido aceptar,
que aún te eche de menos
y que este menos vaya aún a más.

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